Mi vieja desde mis seis años
me decía dos cosas:
tenés pájaros en la cabeza
y vivís de amor y agua fresca.
Verdad y mentira:
Embellecimiento y dulce protección
a favor y en contra
de los designios maternos.
Me lo decía sí,
pero en la adolescencia y como insulto:
Usaba su voz de menosprecio
y el mismo tonito hiriente
con que agregaba:
Vivís en una nube de pedos
Y atorranta que venís
de arrastrarte entre los yuyos.
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