Me gusta andar
por los ambientes amorosos de mi casa
como si bailara.
Mi única tarea es
mover el aire,
sentirlo moverse conmigo.
Juego.
Ahora que puedo.
Ahora que no es obligatorio
ser grande ni dar el buen ejemplo.
Inéditísimo y sin cocinar
Me gusta andar
por los ambientes amorosos de mi casa
como si bailara.
Mi única tarea es
mover el aire,
sentirlo moverse conmigo.
Juego.
Ahora que puedo.
Ahora que no es obligatorio
ser grande ni dar el buen ejemplo.
Inéditísimo y sin cocinar
Se me ocurrió (quizás ya se me había ocurrido antes y hasta lo había anotado por acá o incluso ya cumplido) que algunas de las entradas de este y mis otros blogs son, o peden llevar a ser, lindos poemas. Entonces, escribir, armar, libro nuevo de poemas bobos, epifánicos, de recién levantada, confesiones de.
Agrego acá: ¿Se podría llamar: Poeta bloguera o bloguera poeta? ¿Le quedaría a mis poetas rasgos de blog? ¿Cuales? ¿Mejor volcarse hacia el amor a ser boba? ¿Existe la palabra "bobez"? ¿Y si se llamase "Elogio de la bobez"? ¿"La vieja bba"? Jajaja. ¿"Llegar a boba"? ¿"Boba a los 50-60"?
Todo el tiempo del mundo
Me gusta estar en mi casa
para quejarme de los trabajadores
que, desmalezadora al hombro,
me tocan el timbre porque no comprenden
el sentido de la pradera salvaje
que crece en mi vereda.
Me gusta estar en mi casa
para abrirles y cerrarles el portón a mis perris
y ver cómo viene el de al lado a jugar
y el viejo chapa de enfrente les grita chu-chu
o les canta
La pulpera de Santa Lucía.
Recién atendí a una chica
que venía vendiendo zoquetes de dama, de niñie
y rollos de papel higiénico.
Le compré un pack de tres zoquetes para mí y le dije
que parecía que se iba a largar a llover de nuevo.
"Puede ser", me respondió pero se notaba
que no le entusiasmaba mucho la idea.
"¿Qué hora será? ¿Sabe, doña?", me dijo mientras
me daba el vuelto en efectivo.
"Tipo 3 y media, 4. ¿Me esperás que me fijo en el celu?
¿Viste que ahora sin celu una no sabe ni dónde vive?"
Ja. Le causó gracias. Eran, efectivamente,
las 15.33. "Gracias, doña, dioslabendiga", me dijo y cerré
lentamente la puerta.
Resaca emocional
No es que haya tomado
mucho vino o cerveza.
Ni que el humo
de la parrilla y el cigarrillo
desvíen mi respiración natural.
No es que haya discutido
con parientes y amigues y ahora
quiera a unes un poco más y a otres,
un poco menos.
O sí. O todo eso. Pero sobre todo
es que mi cuerpa solitaria
se abolla bastante
de estar todo el domingo rebotando
entre lo que elles y yo
esperamos de mí.
(Hoy)
Tranquilites
Acá estamos: echadites en el piso de mosaico
lamiéndonos las patas heridas o no
dejando pelos en las alfombras y los sillones.
No necesitamos que nos agiten
que nos abran la tranquera para salir afuera
para ver la calle, les vecines y divertirnos.
No necesitamos
cambiar de postura ni de actividad
diversificar dividir disfrutar disruptir.
Somos
les conservadores del tiempo quieto.
Dentro de un rato
quizás
iremos a la cocina o al jardín
por un mate, una galleta, hacer un pis
o saludar al limonero.
Sábado. Siesta.
Estoy empezando a dejar aparecer, escribiendo por cualquier lado, sin orden ni presión, ideas o fragmentos de cuentos y novelas como toda la vida escribí poemas.
Estoy asustada en mi casa
Tengo miedo de la lluvia y del agua
que se acumula y que se empoza
que derrumba pozos ciegos antiguos
y hace saltar mi disyuntor.
Estoy asustada y en casa
porque le tengo miedo a los autos y a la gente
que no me ve ni me escucha
que esconde sus propios miedos,
que me dice "es normal".
Estoy asustada pero soy valiente.
Y deseo, ante todo,
una escritura desatada, destrenzada
peluda y a los cuatro vientos,
poderosa y temblequeante
senil y renacida.
Creo, me acuso de no estar escribiendo nada. Ni avanzando con la novela que empecé hace 29 años, ni con la nueva, ni anotando poemas sueltos en papelitos como siempre ni escribiendo libros de poesía "enteros" como últimamente, ni pasando en limpio el último que terminé, ni contando las mil ideas que tengo anotadas, cada una en su archivo de word, para cuentos. Hago así malditas listas mentales de lo que NO hago.
Me canso mucho.
Al rato le saco el NO a todo y siento en mí una ola tibia, caliente, dulce, perfumada, que mueve suavemente lo malo e inútil de mi lomo y de mis ojos, y me jura al oído que todo, todo, esto que sí hago es el espacio, el tiempo, la fe en mis mundos, elementos imprescindibles para que "termine" mis "obras".
Poderes
Puedo ver lo que otres no pueden.
Puedo escuchar lo que no todes.
Hacer cosas con hilo y con madera
y con palabras y música puedo.
También puedo señalar una cosa,
subrayar un sonido, decir
qué te parece esto o aquello.
Esto
no me hace mala. Ni me ayuda
a que me quieras.
Muté el 30 de mayo de dos mil
veintidos.
Me autotransplanté mutada
el 19 de julio del mismo año.
Recién hoy han pasado los días
las noches, los minutos, los momentos
necesarios, suficientes
para que el sonido de la puerta
del auto del vecino y el ladrido de todes
les perris de la cuadra que reconozco y saludo
y la voz destemplada o meloza
de vecines y trabajadores de la cuadra
y el llamador de ángeles que puse adelante
y el techito de chapa que está medio suelto
y hasta el chucuc chucuc del tren que conozco desde siempre pero acá viene más seguido con el viento
no me asusten y me convenzan de tanto repetirme:
Estás en casa, estás
Estás en casa.
Inédito. Fresquito y caliente. Corregible. Ahora sin borrador anterior.
Era el primer cumpleaños de mi madre que pasábamos separadas. El mío no era lo mismo, yo solía elegir alejarme de ella para festejarlo. Apenas me desperté, dije "Feliz cumpleaños, má". Al aire no más, porque ni ella ni yo creemos mucho en espacios específicos para la gente muerta. Por la noche, yo soñando vaya una a saber con qué, la sentí entrar volando por mi ventana abierta, abrazarme mejor que en vida y responder claramente: "Gracias, hija".
VECES
Paula Irupé Salmoiraghi
A veces me parece obvio
que el sentido de mi vida,
todo y lo único que tengo que hacer,
es leer y escribir.
Y es esto tan enorme y magnífico
que me desborda y me contiene.
Otras,
otras veces,
muchas otras veces,
esto,
esto mismo,
leer y
escribir,
es tan
ridícula
angustiantemente
poco.
Las voces del desierto más poblado
Paula Irupé Salmoiraghi
Yo no conozco el desierto
sino sus voces: la de Gabriela
que llegó a mi infancia como beso silenciado,
la de la Vagabunda
que vive en este y en todos los desiertos
físicos y figurados,
la de Violeta que guitarra y canción
y tantos discos y surcos y partituras,
la de Libertad cuyo desierto tiene ríos
y heroínas mesopotámicas.
Yo no conozco el desierto,
quizás la quebrada o la salina pero turista
no es tener la cuerpa seca ni mojada,
solo la oreja y las bocas se comunican,
solo
los sonidos de músicas y vientos,
las piedritas que vienen a la ciudad y levantan
paredes y caminos, las arenas
que se compran en el corralón
de materiales.
Yo no conozco el desierto pero sé
que él y sus voces me conocen.
Inédito y fresquito para el Taller La coordillera, coordinado por Sabrina Barrego. 18 octubre 2023.
Canto rodado
Mi mamá era arquitecta pero no era
feliz.
Tenía cinco hijes pero no
había querido ser madre.
Yo era la mayor, la que
le impuso el título y la
seguidilla, une por año casi.
Mi mamá se quejada de que
el corralón no entregaba a tiempo
los materiales, a mí
solamente me importaba
el canto rodado.
Canto rodado, canto
rodado, rodado, yo
no sabía a los 4 o 5 años
de dónde venían ni las piedritas ni el nombre sonoro
pero sabía elegirlas y jugar
sin metérmelas a la boca como
los mocosos.
Luego un tiempo de pensar en el río,
en el agua y su poder de roer y llevar y traer
en el tiempo.
Luego fui madre y feliz y a ella
le gustaron bastante sus nietes mientras
no le dijeran abuela.
Hace años que ella murió y el canto rodado
fue reemplazado en las construcciones
por piedritas grises, opacas, todas iguales,
sin redondeces ni recuerdos
fluviales.
Ahora
haciendo pozos en la casa que me compré
con la herencia que me dejó,
hundiendo mis manos viejas en la tierra
para llenar los baldes rotos y los tachitos
que uso como macetas
encuentro los antiguos brillos de bordes pulidos.
Las lavo, las vuelvo a acunar,
las pongo en los repechos de mis ventanas
y en los estantes de mi cocina. Me dan ganas
de saborearlas.