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domingo, 29 de junio de 2025

He visto a los brillantes minones de mi generación

 He visto a los brillantes minones de mi generación

repetir manías de minita "mujer" a las que obliga patriarcado,

sacarse fotos haciendo trompita, entangadas, destangadas, con culotte.

He visto a los brillantes minones de mi generación

cuidar al marido como si fuese de oro,

vanagloriarse de planchado de camisas (por parte de él o de ella),

de "ayuda" en la cocina porque "es recompañero".

He visto a los brillantes minones de mi generación

condimentar la ensalada los domingos,

dar y pedir un aplauso para el asador, más

vino para el abuelo, menos

chistes feministas y de política en la mesa.

He visto a los brillantes minones de mi generación

preguntar si "estás sola" y traducir sin un hombre,

dar consejos buena onda sobre badoo y tinder,

contarte su experiencia, ejemplificarte

con el amor de secundaria reencontrado a los 50.

He visto a los brillantes minones de mi generación

militar el pañuelo verde, el violeta, el naranja,

hamacarse bastante con la murga de las pibas,

dar testimonio de "en mi época", denunciar femicidios

y volver a tiempo para preparar la cena.




(Continuará...)



martes, 22 de noviembre de 2022

“El olvido es un fruto que requiere trabajo”: Tareas heroicas, cansancio y tiempo de belleza quieta en Lejanas bengalas estallan de Carina Sedevich

 


ENCUENTRO NACIONAL DE POESÍA Y CRÍTICA 

Otra vez Trilce. La vanguardia mañana 

18, 19 y 20 de noviembre de 2022 / Buenos Aires, Argentina


Mesa 3: Mientras tanto. ¿De qué trabajan lxs poetas? Trabajo, dinero, tareas de cuidado y tiempo en la poesía latinoamericana. 


Coordinadoras: Melina Alexia Varnavoglou. Ova Incompleta (m.varnavoglou@gmail.com) Natalia Iñíguez. Ova Incompleta (nataliainiguez@gmail.com) 



“El olvido es un fruto que requiere trabajo”: Tareas heroicas, cansancio y tiempo de belleza quieta en Lejanas bengalas estallan de Carina Sedevich


Paula Irupé Salmoiraghi


Mi lectura de hoy de la poesía de Carina Sedevich se centra en su libro Lejanas bengalas estallan pero toma su título y algunos argumentos de otros libros de la misma poeta. Les leo, por ejemplo, de su libro Gibraltar, de 2015, el que me dio título:


El olvido es un fruto que requiere trabajo.

Casi siempre tardío, pero rara vez dulce.

No es uva ni es la parra donde pende el racimo.

No es como la sombra que daría la parra

ni como sus raíces contraídas y bruscas.

Se parece a la piedra del cantero y la fuente

que apisona la parra, que la ordena y la ciñe.

 

*

Hay que hacer saltar el olvido de un golpe

como a una piedra caliza en la cantera.

Que se entibie en la mano que quiera tallarla.

Sea opaca a los ojos. Sea venérea y ajena.

 

*

 

Una piedra tan blanca es casi como un niño.

Casi un sacramento para mí.

Inclino mis huesos como panes ácimos

sobre cunas que guardan el amor ajeno.

Qué fue de la ternura que pude sentir.

La siento en la garganta bajar como una hostia.


Veo en este y en otros poemas de esta autora santafecina, residente en Villa María, Córdoba, rasgos de un modelo heroico femenino que vengo rastreando hace años desde que empecé a odiar a los Teseos, Perseos, Ulises, Míocides y otros valientes guerreros con estatuas en los parques y relatos machacantes que formatean todo nuestro modo clásico de narrar historias y admirar gente.

Lo heroico, como arquetipo, como representación mítica de lo que la cultura occidental europea nos heredó, estudiado por Joseph Campbell en El héroe de las mil caras, se caracteriza por el recorrido lineal, potente, individual y siempre exitoso de un sujeto guerrero que abandona su hogar para partir hacia el universo de la aventura y retornar para ser premiado y reconocido. Este camino del héroe, aunque incluya dudas, obstáculos, equivocaciones y reparaciones, deja afuera toda tarea “menor”, paralela, subalternizada, artesanal, comunitaria, anónima, múltiple, de cuidado, es decir, femenina. El espacio de la heroína (encarnada en cualquier cuerpa) no es lineal, no abandona un lugar para ir a otro, no lucha contra monstruos ni seres antagónicos calificados como “el malo”, no otorga premios para sí misma. La heroína no es fuerte ni invencible (si lo es, no es una heroína sino un héroe), no combate en guerras fratricidas (que todas lo son), no mata, no triunfa sobre otres. Sus poderes son la paciencia, la ternura, la suma y la multiplicidad, el deslumbramiento ante la belleza y la felicidad, la ronda, el canto, la memoria, la narración, la reproducción y la creación en todas sus formas circulares, adiposas, rebrotantes, tentaculares.

Ser poeta es ser heroína. Ser escritore, narradore, docente, estudiose, mapadre, sembradore, músique, artiste, es ser heroína porque el trabajo amplio y realizado siempre en grupa consiste en reconocer, valorar, teorizar y transmitir la felicidad de lo heroico, de lo hecho, lo que hacemos, lo que estamos y seguimos haciendo, para bien y gusto de la comunidad de les comunes, sin pasar por encima de nada ni nadie. 

Como cuerpas humanas leídas y criadas como “mujeres” conocemos los muchos mandatos y deseos, “apenas una ruta señalada” en el primer poema de Lejanas bengalas estallan, que nuestra cuerpa anida o acuna y nuestras poemas denuncian o transforman en canto. Somos, todavía, esa suma de ataduras y libertades que nos moldean y nos embarran aunque queramos sacudirnos, aunque racionalicemos y ordenemos por prioridades las luchas y los objetivos, aunque lleguemos a tantas victorias y planeemos, juntas y por propia voluntad y decisión, más metas y más círculos de poder amoroso a los que acceder y compartir. 

Le hablamos a la hija y a la madre como si fuéramos una sola, por necesidad, por reparación, no porque nuestros padres o nuestros hijos varones no sean dignos de ser nuestros iguales o nuestros interlocutores sino porque “la hija” y “la madre”, como figuras, como modos de vivir, necesitan que las alimentemos y les demos entidad de heroínas. Así sucede en el primer poema del libro que nos ocupa: la voz que dice yo en el poema y aquella a la que nombra “hija” son “como dos pájaros domésticos unidos por un hilo y un anillo/ (...) del mismo tamaño/ cuando miramos las flores de los árboles”. Tratando de hilar ese continuum lésbico que nombró Adrienne Rich, soterrado y silenciado por siglos, sabemos que “Tu corazón cabe en mi puño,/ pero también cabe el mío.” (p. 11)

En el tercer poema de Lejanas bengalas, conocemos el universo que conoce la heroína: vegetal, florido, doméstico, barrial y, a la vez abarcador de mar, puerto, extranjería y cuerpa de hija no parida pero creada y necesaria:

3

Margaritas, crisantemos, astromelias.

Conozco el mundo cruzando la vereda

hasta la florería de la esquina

con la hija que no tuve

de la mano.


-Sobre el mar, en Finlandia, llega al puerto

una gran barca que se llama Eira.

Hubiera sido un buen nombre para ella.

Y ese azul mustio, que lo lame todo

hubiera sido el jugo de sus ojos.

Hubiera sido blanda y alunada.

Hubiera peinado

su melena con agua.


Es este mismo modo de unir lo diverso, encontrar puntos de comunión y ampliar en círculos concéntricos el territorio del amor el que vemos en versos como: “El pasado/vive amablemente/ entre las cosas” o “Muy lejos del mar/percibo en mis manos/ el olor de la sal.”

Los objetos mágicos de la heroína, sus ayudantes, son el agua que “se aclara mansamente/cuando decanta la tierra”, la música de las cigarras y del viento piadoso, la hojarasca que “se deshace/ y se unce con la tierra/ bajo el árbol”, una luna, una gata.. Por ejemplo, en un poema de otro libro de Sedevich titulado Escribió Dickinson (Alción Editora, Córdoba, 2014): 

Dispongo una manta a los pies de la cama.

El fulgor de la luna en la ventana

se disipa cuando cierro los postigos.

Escucho a mi gata mientras bebe

de una taza olvidada en la cocina.

La noche entre las dos es agua dulce.

El corazón no se recoge ni desborda.

Comprendo que la soledad, como el amor,

transcurre mejor para un espíritu austero.


 La heroína se identifica e intercambia sonrisas con los “pobres seres de barro que se parte” como el pájaro bermejo, el benteveo que calla sobre un cable o el hombre cuya tarea infinita es limpiar el excremento de los tordos y los viejos chicles pegados en la vereda de la escuela.

En este poemario , la maternidad no es un camino de éxitos y reconocimiento ni de sacrificios y penurias, sino una verdad monstruosa e imposible de abarcar. Como todo lo heroico femenino, no tiene culminación ni posibilidad de renuncia, ni tablero donde anotar los puntos, los porotos, la seguridad de haber hecho todo bien:


El niño que crié

-y que recuerdo

desde la intimidad de los aromas-

en esta noche es un extraño.


Olvidaré esa verdad monstruosa.

Me engañaré mil veces

abrazándolo.


Él cabía en mis brazos.

Y en sus ojos, cuando me miraba,

cabía todo el universo.


La heroína que poemamos no es un héroe todopoderoso, con una meta única e indiscutible, normalizada, naturalizada, cuyos logros serán premiados por agentes externos y autorizados a dar corona, oro o doncella. La heroína se cansa, se aburre, pierde el norte, engorda, registra detalles epifánicos, narra la historia del mundo pequeño que es enorme, hace música con los gritos de todes, abarca tanto que ya no tiene ganas de apretar, se amucha con tantos seres de luz o de les otres que ya ni se acuerda dónde tiene que mear o dormir la siesta: “Dice el poema: demasiada verdad me desconcierta”. 

El trabajo de la heroína es una actividad múltiple y rizomática, lo que vale decir que su día tiene 72 horas bígamas o tripartitas, su energía se alimenta de tomacorriente de heladera o lavarropas, su decisión se renueva a fuerza de abrazos, mensajitos pedorros o patadas voladoras al reflejo en los ventanales. Veamos como muestra un poema titulado “Mi vecina ha lavado ropa oscura”:


Mi vecina ha lavado ropa oscura

y la ha extendido en una cuerda al sol.

Admiro la coherencia del conjunto.

Me regocija

la pulcritud de mi vecina:

la economía con que ordenó el tendido

y dispuso los broches de madera

sin encimar las prendas

ni estirarlas.

Solía tender cuando tenía un patio,

un hijo pequeño, un compañero.

Fui dulce y cuidadosa con sus ropas.


La tarea es mínima y desmesurada, a la vez. Hay derecho a estar cansada, a fallar, a no reiniciar tan pronto, a dar media vuelta, a quedarse quieta en el centro de la casa y/o el multiverso, a dejar que el culo pese y enraíce. Después, a lo mejor, volemos y cantemos porque este poemario, con epígrafe de Pasolini, desea que “vivamos como los pájaros del cielo y los libros del campo” (p.31) y la heroína desea, contradictoriamente, con intensidad y con miedo, con los ojos abiertos como los peces muertos de este otro poema, desea y sostiene su deseo:

Los chinos saben matar un pez

con varas de bambú

en la garganta.

El pez no cierra los ojos

ni se aquieta

mientras desprenden

sus escamas.

Los chinos saben

de las emociones

que estanca la muerte

en cada víscera.

*

Deseo a veces

la suerte de los peces.

Algún destino útil,

de alimento.

Ya lo he comprendido,

sin embargo:

hay veneno también

en mi deseo.


Para Sedevich, estos poemas son un tiempo en que el “corazón está en calma: todo acaba” y se puede dejar ir al hijo varón mientras “lejanas bengalas estallan (...) y quién sabe si volveré a verlo”. El momento recortado por las palabras ocupa un lugar de belleza quieta, de epifanía animal, vegetal y mineral. El conjunto de versos es “la hija” con la que nos quedamos, esa yo que a la vez es nuestra madre y toda la línea de heroínas que nos precedieron y que nos esperan. Nos hemos parido y acunado a nosotras mismas, nos felicitamos por eso, nos sentimos orgullosas de ser fruto de nuestros esfuerzos contra corriente, pero necesitamos paz, mecedora y canción, perdón y autocomplacencia, musitar que es música y musgo silencioso, conjuro que es sabio y sagrado y nos recuerda que, aunque nuestras madres y abuelas fuesen sumisas al orden patriarcal y nos dijesen yeguas malparidas y zorras atorrantas, están con nosotras en la línea no solo teórica sino umbilical del linaje materno recobrado y resignificado postfeminismos, postpandemia y postmorten de todas ellas, tan jóvenes, tan artríticas, tan cáncer de útero. En Sal de mar escribe Sedevich:


La madre mece al bebé

pero musita

un conjuro ancestral

para sí misma.




Muchas gracias.


Noviembre 2022.



martes, 23 de agosto de 2022

¿Sobre qué poesía escribiré?

 ENCUENTRO NACIONAL DE POESÍA Y CRÍTICA 

Otra vez Trilce. La vanguardia mañana 

18, 19 y 20 de noviembre de 2022 / Buenos Aires, Argentina



 Mesa 3: Mientras tanto. ¿De qué trabajan lxs poetas? Trabajo, dinero, Tareas de cuidado y tiempo en la poesía latinoamericana. 

Coordinadoras: Melina Alexia Varnavoglou. Ova Incompleta (m.varnavoglou@gmail.com) 

Natalia Iñíguez. Ova Incompleta (nataliainiguez@gmail.com) 


En 1980 en su Carta a las escritoras tercermundistas, Gloria Anzaldúa agita: “Olvídate `del cuarto propio´, escribe en la cocina, enciérrate en el baño. Escribe en el autobús o mientras haces fila en el Departamento de Beneficio Social o en el trabajo durante la comida, entre dormir y estar despierta”. El tiempo que se le asigna al trabajo asalariado fue mutando desde el siglo xx. La tendencia a la hiperproductividad y la falta de ocio configuran un espacio-tiempo indeterminado entre la casa y el trabajo, lo doméstico y el afuera. Las sucesivas crisis económicas y del sistema de cuidados hacen de esta una discusión que nos atraviesa, especialmente como mujeres y personas LGTBIQ+ latinoamericanxs que escribimos, siempre en el “entre” y el “mientras tanto”. La chicana se pregunta: “¿quién tiene el tiempo o la energía para escribir después de cuidar al marido o al amante, los hijos y casi siempre otro trabajo fuera de casa?” El objetivo de esta mesa es doble: por un lado reflexionar e historizar las materialidades que sostienen la escritura de poesía ¿De qué trabajaron y trabajan lxs poetas? De maestras rurales a influencers, variadas son las actividades que lxs poetas ejercen paralelamente al trabajo no remunerado de la escritura poética. Por ende, múltiples los mundos en los que los poemas que llegamos a escribir se inscriben y también las formas en que la relación trabajo/género se ha representado en la poesía y sus posibilidades de lenguaje; lo cual constituye nuestro segundo objetivo. “Yo estuve lavando ropa mientras mucha gente desapareció” dice -y fue criticada- Irene Gruss, haciendo de un poema doméstico, a la vez, un poema político. Así hace hablar Cristina Peri Rossi a la encajera de un cuadro de Vermeer “Madre, yo no quiero hacer encaje no quiero los bolillos/no quiero la pesarosa saga/No quiero ser mujer”. Como Victoria Cóccaro indaga “¿Qué hay entre la dactilógrafa tuberculosa, la costurerita que dio el mal paso o la pianista prostituta y la proletaria sensible de Fernanda Laguna?”. Abrir esta relación nos permitirá encontrar otros gestos vanguardistas que reactualizan y disputan no sólo construcciones de género, sino también de memoria, futuros e imaginación política en la poesía latinoamericana.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Mi poesía vasalisera

Cuando mijita me dijo que quería doce poemas míos para abrir cada mes de sus agendas Vasalisa me meé encima. Y para más emoción, ella y lamiga de toda la vida con la que hacen estas agendas y cuadernos tan artesanalmente beyos, querían que cada poema estuviera inspirado en una de las tarjetas de Berni Chiempo que me encantan y manipulo cotidianamente para acercarme a nuestros arquetipos y sus mensajes.

Así que primero les mandé una tanda de poemas que ya tenía y que me parecía que iban con cada tarjeta. La primera devolución de mis lectoras vasaliseras fue que les encantaba mis dos facetas: la unida al mundo con armonía y la conchuda feroz. Claro que la segunda no tenía mucho que ver con Vasalisa pero se podía seguir intentando, así que me puse con las obras de Berni impresas a color delante y salieron cosas que ni yo hubiera sospechado. Debe ser lo nuevo de pensar en receptores, lectoras específicas, lo que desata nuevos hilos para los versos.

Ayer, cuando finalmente vi y toqué las agendas litas, el efecto fue magnífico. Por supuesto que ni me acordaba de lo que había escrito y que agregó un plus más la selección que hicieron las chicas, así que acá te copio todo para que te entretengas y después busques las agendas.



POEMAS PARA VASALISA 2018

Para tarjetas de Berni


Para Toma en serio


Arte poética


Que todo se sacuda en vos
como el fondo con tierra
de un tarro sucio.

Que se enturbie el agua
que el poema
sea la vieja del agua
que chupa la mugre.



Para La espera


CASI INOCENCIA




I

Deslizarse como un hilito de agua
entre las rocas.
Termino de decirlo y pienso:
¿Hilo de agua o serpiente?


II

Serpentear
puede ser agradable.
Arquear cada huesito
por el lodazal pegajoso.
Esquivar las aristas las piedras
los despeñaderos.
Deslizarse y fingir
que se es buena
que se desconoce
el uso de veneno
que nunca se ha matado
por estrangulación.


III

Las serpientes no tienen manos.
Yo
llevo las yemas de mis dedos
desde la palma hacia afuera.
Abro y cierro
abro y cierro el puño
y me salen flores.




Para Reflexión


NENÚFARES


Nenúfares,
nenúfares, había
nenúfares
en el estanque.

Flotaban
y se desplazan
unidos como rondas de gordas
lentas y dormidas.
No había apuro en la languidez
de las hojas
traslúcidas al mediodía,
opacas al atardecer.

“Nenúfares”, repetían los niños
que se acercaban al estanque
cuando las niñas
decían:
“Nenúfares” y se quedaban
balanceando sus piernitas gordas
dentro del agua verde.

“Nenúfares”, entonaban como si dijesen
“Duérmete niño” o
“Estaba la blanca paloma”.

“Nenúfares”, comenzó a decir
el eco entre las ramas.
Nenúfares.
Nenúfares.
Nenú
fares.
Fue la palabra por el aire y volvió.
Entró de un modo nuevo
en la boca de las niñas,
de las cuatro niñas tontas
que no se levantaban del estanque,
que abrieron muy grande la boca
y volvieron a decir:
“Nenúfares” y era
la primera,
la única vez
que lo decían.



Para Hombre



DESENGUALICHADA



“Gualicho pal amor necesito, doña”,
le está diciendo la pibita
que se le entró en la casa
a las dos
de la mañana.
“Pero nena ahora no”, le ha dicho ella
manoteando entre los restos
de pesadillas propias y ajenas.
“Que sí, doñita, que ahora
que es urgente,
que el Gumercindo se me quiere
piantar con la fulana
y yo no quiero, madrecita,
dejarlo
ir.
Porque si lo dejo ir, doña, doñita,
¿a quién voy a esperar todas las noches?
¿con quién voy a dormir y a despertar?
¿a quién le voy
a preparar el desayuno?
¿y la comida de las doce? ¿y la cena?
¿La ropa de quién voy a lavar?
¿Y los zapatos?
¿Voy a lustrar acaso mis zapatos,
doñita linda, si el Gumercindo
se va de casa con la otra?”

La vieja la miró ya sin lagañas
y puso
el mate en la mesa y la pava
en la hornalla que apenas
calentaba
de poquito poquito
que había de gas.
“¿Qué me dijiste que necesitabas?”,
preguntó al rato
como para estar bien segura.
“¿Pan con manteca y mermelada?”,
dijo la otra
sorbiendo la bombilla con fruicción.



(O menos anti-Hombre)


A LA QUE



Le canto a la que se enamoró
del plebeyo del campesino
del pobre del desclasado
del negro del villero
del que no era
gente como una.

Le canto a la que tuvo
que enfrentarse sola
a sus padres y hermanos
para armarse otra familia
otro domicilio
otra
identidad.
Elevo mi canción a la desheredada.
A la que siendo princesa
se enamoró del burro,
la que soportó toda la vida
que sus amigos le dijeran:
“¿Y qué le viste a ése?”

Muchas historias
(además de mi canto)
celebran el perverso
placer por lo desconocido
que la unió para siempre a la belleza
del hombre al que dicen que en nada
se parecía.




Para Murguera


JUANA Y LAS VOCES


Juana escucha voces.
El llamado de Dios, les dice ella
para que los jodidos tipos
no la traten de loca
o de bruja
y la tiren, todavía,
en alguna quema.

“Dale, Juana, ponete media pila.
Mové el culo, Juana, que estos forros
no saben hacer nada. Juanita,
que vos
con armadura, moto o escobillón
te llevás el mundo por delante.
Deciles
que les vas a conquistar Francia,
hablales
del poder y la Iglesia
de tu inocencia y el sagrado
matrimonio.
Deciles
que te mando yo, mamaza, deciles
y dale padelante:
golpe de lanza, patada voladora,
piquete de ojo o gas pimienta.
Vos dale con lo que tengas
que no te importe
si te gritan yegua malparida
tortillera puta marimacho
calienta pijas vientre estéril
frígida comehombres enfebrecida endemoniada
menopáusica menstruante ciclotímica
inestable afeminada poco
femenina.
Que te la chupen, Juana, y después
me la contás.”



Para Desprendimiento


LOS BARCOS Y LOS GLOBOS



¿Todos los barcos tienen ancla?
¿Todos los que navegan tienen miedo
de andar a la deriva?
¿Todas las corrientes de agua arrastran a los que flotan
hacia lugares indeseados?

En mi cuello siento el peso
de mi ancla personal
pero yo
de lo que tengo miedo
es de salirme volando por la ventana
como los globos que pierden
al nene que llevaban
de la mano.




POEMAS PARA VASALISA 2



A partir de tarjetas de Berni Chiempo

Para Reflexión

ÁNGELES TESTIGOS

A veces me pongo a pensar
en todo lo que he hecho en la vida.
Me lo cuento a mí misma
y me parece increíble.
“Es la vida de otra”, me digo,
“Yo no era yo”, “La memoria me falla”,
“Estoy
inventándolo todo.”

Pero hay gente que ha sido testigo,
gente que dice que sí,
que existí, que viví, que planté, que parí,
que amé, que canté, que soy feliz.

Entonces me repito: “Es verdad, es verdad”
y me siento sobre mis piernas de india
y me enrosco los brazos alrededor
y me miro en el vidrio de la ventana
y me digo:
“Sonrío, luego existo”.




Para Desprendimiento


DESPRENDIMIENTO


A veces dejarte ir
es poner mi mundo de cabeza.
Saludarte en el portón de casa,
un terremoto voraz que me arranca
los intestinos y los pulmones.
Me consuela el cuento
del ciclo de la vida y las hojas que caen,
y el perfume que se olvida de la flor
y las semillas podridas que siempre renacen.

Pero justo cuando se me acaban
las metáforas para alejarme de la tristeza,
te veo volver a los saltitos
y decirme Hola y Te quiero
y poné la pava para el mate
que traje medialunas.
Ya no es necesario entonces
nada más que un poco de fuego
para encender la hornalla.









MURGUERA


Están ensayando en la esquina de mi casa.
Un oído reprimido
invade mi ecosistema sonoro.
Pregunta cómo aguanto tanto ruido.
¿De qué me habla?:
¿Del bichofeo que pasa a los gritos?
¿Del llamador de ángeles y sus tubitos de metal?
¿Del nieto de la vecina que se pelea con el perro?
¿Del colectivo que frena en mi vereda?
¿De la gata en celo?

De la murga, me contesta
pero nadie
le da pelota.
Ya nos fuimos a los saltos
sacudiendo nuestros trapos de colores.
















LA MURGA




La alegría de los cuerpos se dice
con música y con saltos.
Mis brazos y mis piernas son de otros.
Formamos
un enorme
cuerpo monstruoso que no entra
en las formas de describir lo conocido.

Desbordamos el barrio y el planeta.
No hay bicho ni árbol que no se contagie.
No hay baldosa que no vibre
ni estrella que no sonría.

Mucho
mucho rato
durará el eco
que repetirán
los postes de luz,
las ventanas abiertas
y las cañerías que pasan
debajo del redoblante.







Para Hombre


A LAS ESCONDIDAS


Él me espera en una esquina.

Lo veo primero y parece
esconderse de la gente que pasa.

Alguien diría que está perdido,
que sin mi mano
no puede orientarse entre este y aquel
cordón de la vereda.

Disfruto un rato más de su angustia.

Al rato
me hago visible y me perdona
con su mejor sonrisa.













LUNÁTICA


Luna que vuelves
violeta mi piel,
luna que todo
lo redondeas,
quedate ahí mirándonos. Mirá
mis ojos que se clavan
en su barba desprolija
y en sus colmillos que se afilan.
Sus manos se hacen garras
y es su aullido el eco
de mi sonrisa de lujuria licantrópica.




















MÁSCARAS Para Múltiples



Aún no tiene nombre la manía
de andar poniéndome y sacándome
alegrías y penas
de diferentes formas y tamaños.


Sobre mi cara triste cuelgo
máscara de colores luminosos.
Si me la saco
mi cara se ha pintado y tiene luz.
¿O es una máscara anterior
que me olvidé de desprender?

Me pongo entonces
careta trágica y espinosa.
La boca se me deforma en una mueca
que me lleva al inmotivado llanto
que seco con papeles transparentes
que se me pegan a los poros
o se me desgajan como corteza seca.

Soy muy normal. ¿Cómo sería
posible que solo chicharras y serpientes
cambiaran así de piel?






Para La enjoyada


SENCILLAMENTE TODO



De todos los tesoros del universo
llevo sobre mi cuerpo
las marcas de tu abrazo,
los hilos que sé tejer,
los colores que elegí entre toda
la paleta de maravillas
ofrecidas por el mundo.

Si me mirás con cuidado
la mezcla de texturas
hace de mi ropa y de mi pelo
una construcción mágica
cuya mejor función es decirte:
Una vida es poco tiempo
y cada segundo es inmenso
cuando se trata de descubrirnos.











Para Brote

LA LATA DE DURAZNOS



Abro una lata de duraznos y le saco
la tonta etiqueta
de papel comercial.
Se vuelve así
ideal envase
para la tierra que le elijo
luego de perforar su fondo
y dejar escurrir
el agua alimenticia.

Pego un par de saltitos por el jardín
hasta que encuentro a aquella de mis plantas
que está desesperada
por entregar uno de sus brotes
como gajo para una nueva
vida.

La corto mágica y ritualmente,
la hundo en la oscura
fertilidad enlatada,
le elijo un rincón posible,
no,
mejor más allá,
la dejo sola,
la miro dudar,
decidir, finalmente,
que dentro de un rato va a crecer.






III POEMAS PARA VASALISA 2018


Para tarjetas de Berni

Para Silencio





SILENCIO Y POLVILLO


En el silencio viven los colores.
Y las voces de los pájaros que ya pasaron
y el canto de las ramas que están por brotar.

Floto ahí adentro
como si estuviera sorda
o mis branquias se adaptaran lentamente
al polvillo dorado
que nada en cada brazo del sol.











Para Primavera o Brote



UN ALA EN LA TIERRA



Planté en la tierra un ala
que arranqué de mi espalda.
Le di una maceta
grande pero escondida
de las miradas que castigan
las plumas mutantes
y el vuelo ajeno a las leyes
de la gravedad y de la especie.

Ambas rebrotaron:
la mutilada sobre mis homóplatos
y la que se hizo terrestre
para florecer.













Para Esperanza o Espera



LA BANDADA


La bandada se fue con los primeros fríos.
Mis ataduras
a la especie y a la casa
me impidieron seguirla.

La espera
pudo ser dolor o rencor,
veneno de ofidia triste
que se alimenta de huevos emplumados
pero no rebrota.

La bandada volvió en primavera.
Todo fue entonces picos de colores
y cayeron al suelo
resecas mis escamas.

No habrá próximo invierno sola
y si lo hay
será la fe en que también existen
las serpientes aladas.








Para Primavera o Múltiples


PAJÁRO MI AMOR



Mi pájaro preferido
hace nido cada año
sobre el alfeizar de mi ventana.

Tiene dos pétalos en vez de ojos
y un ramo de frambuesas
creciendo debajo de un ala.

No se reproduce por huevos.
Se posa en la tierra y le salen
raíces tenues
de las que se desprende cuando quiere.

Yo se las riego
y ahí nos nacen
hijitos verdes.

Cuando vuela
suelta
el perfume dulce y blanco
de mis jazmines.




PAULA IRUPÉ SALMOIRAGHI

domingo, 17 de septiembre de 2017

Ensayo en lo de Sil: flamenco y mis poemas


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    Alejandra Muñoz Que guapa! Jaja
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    Paula Irupé Salmoiraghi UNa ve las caritas de "me enoja" y piensa quién es la mal llevada que se enoja con una foto tan bella: ELLA MISMA 
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    Paula Irupé Salmoiraghi Acá el cuento soy yo muerta en el sillón del espejo
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    Alejandra Muñoz Su pedido estará listo en dos minutos
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    19 horas
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    Juan Pablo Noroña ¡Se cae el techooooooo!
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    17 horas
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    Paula Irupé Salmoiraghi no se me quedan quietas estas minas para que la foto salga menos movida
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