Hoy, moscardeando (aunque más lindo sería que existiera una palabra derivada de abeja o de colibrí o de mariposa, aunque mi mamá me decía que no anduviera "mariposeando por ahí") por casa, guardando los libros desparramados por todo apoyo posible, tratando de dejar a mano solamente los de mi final para marzo, me encontré NGC224, un libro maravilloso de Héctor Hernández Montecinos que me acuerdo haber traído de lo de Nurit Kastelan porque pasando la mano (casi los ojos) por sus estantes, me llamó la atención la edición (Limón partico, México) y los versos deslumbrantes.
Hoy volvió a causar su efecto: me ha hecho bloguear y agregar gente al feis y a mi lista de bloguers amigos, hasta me ha hecho escribir aquí que siempre me escapo.
Y lo mejor de todo: Me dieron ganas de hacer poemas "¿visuales?" (como si no lo fueran todos), digo, poemas con tijera y plasticola, muchas ganas. Me voy a comprar un cuaderno tapa dura grande... Estaría bueno usar el libraco de bitácora que tengo hace años por acá con poemas ajenos pegotados... Pero no, mejor no, me haría sentir que tengo 17 años y estoy en mi cuarto nuevo llorando porque nadie me comprende. Mejor buscar nuevo soporte y ver qué hay de nuevo en estas manos.
Prometo fotos.
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sábado, 1 de febrero de 2014
domingo, 2 de octubre de 2011
En la palma de la mano
En un primer momento, escribir es para mí una necesidad fisiológica, tan urgente como hacer pis.
Después, cuando hay que corregir, una ansiedad tremenda de que el alivio, la felicidad que me produjo a mí tal "descarga" se transforme en una pieza de felicidad para el que lee. Quiero que alguien se sienta delante de lo que yo escribo como yo me siento delante de algunas cosas que leo: la seguridad de que ese conjunto de imágenes y palabras es único, que soy diferente ahora que lo leí, que quiero volverlo a leer y agarrar ese poema/cuento/novela como se agarra un canto rodado de los lindos y se lo hace rodar, girar y se lo esconde en la palma de la mano.
Después, cuando hay que corregir, una ansiedad tremenda de que el alivio, la felicidad que me produjo a mí tal "descarga" se transforme en una pieza de felicidad para el que lee. Quiero que alguien se sienta delante de lo que yo escribo como yo me siento delante de algunas cosas que leo: la seguridad de que ese conjunto de imágenes y palabras es único, que soy diferente ahora que lo leí, que quiero volverlo a leer y agarrar ese poema/cuento/novela como se agarra un canto rodado de los lindos y se lo hace rodar, girar y se lo esconde en la palma de la mano.
domingo, 14 de noviembre de 2010
jueves, 28 de octubre de 2010
Ascensión
Lavando sábanas y comiendo nísperos en el fondo de mi casa, no sé si subir al cielo como Remedios la Bella o por las ramas del árbol.
martes, 24 de agosto de 2010
martes, 8 de junio de 2010
lunes, 10 de mayo de 2010
Primer libro
sábado, 10 de abril de 2010
Leer y que te aplaudan
No fue la primera vez que leía en público mis poemas pero las veces anteriores están perdidas en el tiempo de mis otras vidas. El martes en este precioso lugar de San Telmo (de los lugares que he mirado de lejos y deseado durante tanto tiempo) fue perfecto.
Mientras estaba sentadita ahí arriba (ver fotos) creí que no iba a poder, que era mejor salir corriendo mientras mi compañero de mesa leía su cuento. Pero apenas me dieron el micrófono la cosa cambió (¿poder de la cosa fàlica en la mano?). Ja. Empecé con YO Y YO (ver en este blog) que es para mí muy definitorio. Encima le puse una introducción jocosa tipo: "Este poema se llama Yo y yo y tiene dos partes: la primera se llama YO y la segunda, Y YO". Al final aplaudieron, sí, la gente aplaudió ese primer poema. Lo sentí muy bien.
Luego leí cuatro más (que voy preparando para subidas aquí) que hicieron que el pùblico se riera en varias partes y que yo comprobara que estos poemas de mi segundo libro (ejem)tienen algo de jocoso, de cachondo, de chichoneo.
(Como me quiero... (Y quienes me conocen saben cuànto me cuesta, digo, esto de quererme)).
Mientras estaba sentadita ahí arriba (ver fotos) creí que no iba a poder, que era mejor salir corriendo mientras mi compañero de mesa leía su cuento. Pero apenas me dieron el micrófono la cosa cambió (¿poder de la cosa fàlica en la mano?). Ja. Empecé con YO Y YO (ver en este blog) que es para mí muy definitorio. Encima le puse una introducción jocosa tipo: "Este poema se llama Yo y yo y tiene dos partes: la primera se llama YO y la segunda, Y YO". Al final aplaudieron, sí, la gente aplaudió ese primer poema. Lo sentí muy bien.
Luego leí cuatro más (que voy preparando para subidas aquí) que hicieron que el pùblico se riera en varias partes y que yo comprobara que estos poemas de mi segundo libro (ejem)tienen algo de jocoso, de cachondo, de chichoneo.
(Como me quiero... (Y quienes me conocen saben cuànto me cuesta, digo, esto de quererme)).
sábado, 16 de enero de 2010
jueves, 7 de enero de 2010
Extensamente breve
Del prehistórico anterior, Juan Desiderio, en la bilioteca de la calle Honduras donde hacìamos la plaqueta La calle del agujero en la media, en el año 89, me dijo que le sobraban dos de sus cuatro versos (en ese entonces), que era mejor:
La soledad es inemparchable.
Yo viajando en mi tren monoplaza.
Tiene razón. Pero yo sigo sin poder evitar la sensación de que para todo tengo que dar explicaciones.
La soledad es inemparchable.
Yo viajando en mi tren monoplaza.
Tiene razón. Pero yo sigo sin poder evitar la sensación de que para todo tengo que dar explicaciones.
¿Publicar?
Estoy ordenando papeles porque quiero, de una vez por todas, publicar todo lo que he escrito. Es un lío. Creo que hubo mucha gente escribiendo en mis cuadernos.
viernes, 9 de octubre de 2009
De "tú" o de "vos"
Me acuerdo que el poema anterior, "Viaje", en su primera versión (año 88 y yo 19 años), decía "sumérgete" y "sepúltate", resabios quizás de mis lecturas, de mi Alfonsina o mis Becquer o mi Carriego ("De todo te olvidas, cabeza de novia") o algún excepcional Lugones (nunca me gustó pero adoraba ese poema... "Al promediar la tarde de aquel día...").
Sólo en reescritura muy posterior algo me animó al argentino reo que uso normalmente.
Sólo en reescritura muy posterior algo me animó al argentino reo que uso normalmente.
viernes, 25 de septiembre de 2009
Hablando de prehistoria
Recuerdo a alguna que fui yo. Tenía 17 años y ya había leído todo Alfonsina, que sabía de memoria algo de Gabriela Mistral, que todavía estaba a dos años de distancia de Pizarnik, que abría tu ventana de noche y le reprochaba cosas a la luna y a la estrellas.
lunes, 21 de septiembre de 2009
Como la Barbie pero no
No soy de la época de las Barbies. Cuando aparecieron yo ya era grande (9 o 10 años y leyendo a Simone de Beauvoir). Pero vi a mis hermanas jugar con ellas y siempre me provocó mucha envidia eso de poder ser "Barbie enfermera", "Barbie exploradora", "Barbie motociclista", "Barbie nadadora", "Barbie novia" (obvio, nunca Barbie casada o Barbie divorciada). Esa cosa de autoafirmación y, a la vez, de multifacetismo, de poder ser todo en una con sólo cambiarse la pilchita y los accesorios.
No sé por qué empeiezo este, mi tercer blog, con eso. O sí.
La cosa es que ya me hace falta hacerme cargo de mi "Paula Poeta", ponerlo con mayúsculas y separarlo de mi primer Lunes por la madrugada donde mi poesía estaba como una etiqueta más entre todas las "pilchitas y accesorios" que me pongo y me saco todo el tiempo.
Aquí estamos entonces, sólo poeta, toda poeta, aquí.
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No sé por qué empeiezo este, mi tercer blog, con eso. O sí.
La cosa es que ya me hace falta hacerme cargo de mi "Paula Poeta", ponerlo con mayúsculas y separarlo de mi primer Lunes por la madrugada donde mi poesía estaba como una etiqueta más entre todas las "pilchitas y accesorios" que me pongo y me saco todo el tiempo.
Aquí estamos entonces, sólo poeta, toda poeta, aquí.
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