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martes, 13 de abril de 2021

Ùltimamente ando inundada de poemas, los vomito como conejitos de agua

El cauce y la encauzado, el dique, la inundación


Paula Irupé Salmoiraghi


  Suelo descubrir en mí, a veces, 

no me pidan frecuencias ni causas valederas, 

un resquicio de odio puro puro.

Lo sublevan algunas personas 

en particular, algunas 

situaciones repetidas, 

algunas injusticias 

generalizadas. 


Lo siento nacer y amenazar con el desborde, 

a mi odio pequeñito y filoso. 

Lo llevo, 

no digamos que amorosamente, pero sí 

con cuidado y tesón, 

hacia espacios de mi ecosistema 

donde no pueda hacer daño, 

donde sus oleajes se confundan 

con aguas sanadoras.

Así escribo, leo, blogueo, investigo, tejo, anoto ideas, 

puteo a quien me molesta, mando a la mierda

a quien vengo hace años perdonando,

hago versos, planto gajitos, tomo mate. Y el odio se diluye.



(Inédito)

lunes, 9 de noviembre de 2020

4 poemas escritos detrás de Los detectives salvajes

  14 de octubre de 2020

Ovejas


Mi hija no cree

ser parte de esta familia.

La tratamos muy mal por eso.

Por malparida, por

desagradecida, a lo mejor

es por eso que no se siente

parte de esta familia.


Pienso qué fue primero:

¿el rencor o el desprecio?

¿la indiferencia o la distancia?

¿el desapego o el abandono?

¿la soledad o la envidia?

¿la maledicencia o la preocupación

por esconder de nosotres mismes

a la que nos muestra rebaño

en su negrura?



10 de noviembre de 2020

La vida según mis perros


Cuando estés inquieta

mirá a tus perros revolcarse

en el pasto recién cortado,

miralos

rascarse las pulgas y chuparse el pito

uno al otro,

dejá que te huelan

y que se metan

entre tus patas para golpearte

los muslos con sus colas peludas.


Si hay agua fresca en el tacho de helado

nada puede estar tan mal.



Los perros sueltos


¿Por qué tiene los perros

que salir todos los días?

¿Por qué tengo que abrirles

la puerta y el portón,

dejarlos correr por la vereda,

ladrarle a les vecines,

pelear con otros perros,

comer sobras ajenas,

hacer guardia en la puerta

de las perras en celo,

torear a los ciclistas,

odiar a los niños con gomera

y a los viejos con piedras,

arriesgarse

a las frenadas del bondi y a los autos

locos por esquivar

el lomo de burro de la esquina?

¿Por qué no pueden, ingratos,

quedarse quietos, echados

debajo de la mesa?



Tremendismo animal


Tu perro no morirá

bajo las ruedas de ese auto,

ni las de ese, ni ese, ni ese otro.

No necesitás

contar cada auto que pasa

ni sentir alivio

por la supervivencia de uno más.

No hay

en tu calle

peligro de muerte.

Ni siquiera

necesitás repetírtelo

(oralmente y por escrito)

tantas tantas veces

que terminás agotada la jornada

aunque parece que no

hiciste absolutamente nada.




Paula Irupé Salmoiraghi. (Inéditos. Calientes. Recientes.)


domingo, 5 de octubre de 2014

Del cajón de las manzanas

DEL CAJÓN DE LAS MANZANAS


Del cajón de las manzanas
elegir las golpeadas las podriditas
las que van a servir
para mermelada.

Meterlas en la mano ahuecada
mirarlas de un lado y de otro
quitarles lo feo así, brutalmente, de un golpe de cuchillo
y poner su cuerpito mutilado
junto a los otros cuerpitos
para que unidos y dulces
se fundan en la olla.

sábado, 4 de octubre de 2014

Pis

PIS


Mestoy haciendo pis y pienso
en la musicalidad de los versos de los poetas que amo
en el lenguaje coloquial que entra a la literatura y de allí no se sale.
Pienso
si tengo que levantarme a mear o es más conveniente
hacer que se mee el poema.

Mermelada

MERMELADA


Las manzanas que me trajo el chico de la esquina
son rojas y está un poco machucadas.
Las señoras no las elegirían a pesar de relucir en el cajón de madera
porque hay zonas de su superficie
que delatan moretones magulla
duras.

Mijita dice que haremos mermelada
y que hay que convidarle
a los vecinos.

Manzanas golpeaditas

MANZANAS GOLPEADITAS



Hay truenos y pienso tristemente
en llamar a la persona que más me ha lastimado en la vida
para ver si logra tocarme de tal modo
que yo logre perdonarle todo.

Mijita se fue con las amigas y se llevó mi bombilla preferida
pero hizo dos budines de banana y me dejó uno.
Mijito me dijo que salía
que no me decía a qué hora volvía
no porque no quisiera decírmelo sino porque él mismo
no lo sabía.

Entonces me doy cuenta de que hay manzanas golpeaditas
en un cajón en la cocina
que alguien espera que con ellas
yo haga dulce o mermelada.
Y cierro la puerta del fondo a ver si se mete alguien
a ver si la lluvia se mete
y me pongo a escribir y se me olvida lo de los llamados.