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miércoles, 6 de mayo de 2020
"Tres golpes y un silencio". Podría ponerle poemas adentro
Escucho documental sobre la historia de tangos y tientos flamenco y salta este nuevo título.
lunes, 4 de mayo de 2020
Estoy leyendo la noche 6 de Sherezada
Ya anoté título miliunanochesco para próximo libro: "La red, el borrico muerto y la tinaja llena de barro y arena".
lunes, 18 de noviembre de 2019
Mi selección de inéditos para Revista Altazor
http://www.revistaaltazor.cl/paula-irupe-salmoiraghi-2/
SELECCIÓN PARA REVISTA ALTAZOR NOVIEMBRE 2019.
Paula Irupé Salmoiraghi
LAS INOCENTES
1.
“Debo matarte”, dijo el cazador
y Blancanieves
sintió en su garganta
el filo del odio materno.
“Debo matarte”, dijo
mientras la reina
preparaba la manzana envenenada
segura de la cobardía del hombre
cuya mano temblaba
alrededor del cuchillo.
“Debo matarte”, repitió alucinado.
Como esperando que de la espesura
surgieran de una vez los siete idiotas
que debían ahorrarle la decisión.
¿Quizás llegaran los pájaros?
¿O harían algo
los dulces conejos de orejas peluditas
que se asomaban
detrás de aquel tronco caído y luego huían?
¿Quién debía salvar a la inocente?
Si es verdad que la belleza
puede, en algún caso,
ser inocente.
2.
“Yo no soy bella”, se defendió la caída.
La que permanecía tumbada por el cazador
sobre las hojas secas al pie de un aromo
en medio del bosque deslumbrante.
“Yo no soy bella”, dijo la que tenía
el corazón como el corazón
de un joven jabalí.
“Yo no soy bella”, gritó, salvaje.
Y el espejo, que había creído
dejar atrás en el castillo,
le respondió en el eco:
“Sí, sí,
sí que los sos”.
3.
¿Por qué creerle
a una superficie pulida y recortada
contra un marco de oro repujado?
“Andá a cagar”, dijo la reina
y escupió
sobre la mueca grandilocuente
del cristal azogado que llevaba
días y meses destruyendo
su amor por Blancanieves.
4.
“¿No vas a perseguirme
disfrazada de pobre ancianita
hasta la casita del bosque?”,
preguntaba en sueños
la recién llegada y los enanos
se sentaban alrededor de la cama
para saber
cómo terminaba la historia.
“¿No vas a envenenar con tu rencor
y tus macabros conjuros
la manzana más roja y más carnosa
que puedas traer hasta mi ventana?”,
reclamaba dormida o
en delirio de vigilia que barre cuartos ajenos
la princesa alejada del odio maternal.
“Nadie ha preguntado hoy por vos”,
debía repetirle siete veces al día
cada uno de los siete enanos.
“Ninguna
vieja con manzanas, ninguna
reina de corazones, ninguna
maléfica hechicera, ninguna
bestia envidiosa con cuerpo de mujer madura”,
los enanos
huían a la mina para evitar la vigilancia continua
de la puerta y las ventanas vacías.
5.
“Me voy a casa de mamá”, le dijo un día
la bella al enano perezoso
que esa noche había dormido con ella.
“Los dejo a todos. Ya no tendrán
que recordar los turnos,
múltiplos siempre de siete,
en el orden de los días
que le corresponden a cada uno
para dormir entre mis piernas.
Me voy.
Si má no ha muerto
comeremos juntas la manzana,
destriparemos unos cuantos jabalíes,
quebraremos en siete pedazos el espejo
y nos cogeremos al unísono
al cagón del cazador.”
CIGÜEÑA
Me nombran y vienen
a sus cabecitas heteropatriacales
imágenes infantiles
de bebés traídos de París.
Me nombran y sólo piensan
en mi función reproductora
y en mi cuerpo emplumado
que esconde la unión sexuada
de los cuerpos transpirados
de mamá y papá.
Harta de los estereotipos
abro mis alas y mi pico.
Enfilo hacia la luna y miro
cómo cae la caricatura de bebito
en su pañal rosado o celestito.
NENÚFARES
Nenúfares,
nenúfares, había
nenúfares
en el estanque.
Flotaban
y se desplazan
unidos como rondas de gordas
lentas y dormidas.
No había apuro en la languidez
de las hojas traslúcidas al mediodía,
opacas al atardecer.
“Nenúfares”, repetían los niños
que se acercaban al estanque
cuando las niñas
decían:
“Nenúfares” y se quedaban
balanceando sus piernitas rechonchas
dentro del agua verde.
“Nenúfares”, entonaban como si dijesen
“Duérmete niño” o
“Estaba la blanca paloma”.
“Nenúfares”, comenzó a decir
el eco entre las ramas.
Nenúfares.
Nenúfares.
Nenú
fares.
Fue la palabra por el aire y volvió.
Entró de un modo nuevo
en la boca de las niñas,
de las cuatro niñas tontas
que no se levantaban del estanque,
que abrieron muy grande la boca
y volvieron a decir:
“Nenúfares” y era
la primera, la única vez
que lo decían.
Paula Irupé Salmoiraghi. Nació en Buenos Aires en 1969. Estudió el traductorado de francés y el profesorado en Lengua y literatura. Trabaja como docente e investigadora cervantista en Letras, UBA. Ha publicado Mi tren monoplaza (Del Dock, 2010) y El cajón de las manzanas podridas (Baltasara Editora, 2016). Escribe reseñas de ciencia-ficción para Revista Próxima y construye sus blogs Lunes por la madrugada, Paula Poeta, Dígame licenciada y Pórtico CF.
domingo, 2 de diciembre de 2018
Nuevo libro listo
Se llama Hija natural. Incluye un poema con este nombre que no habla de mi propia hija ni de mí sino de mi abuela materna. Igual todo el libro pretende mostrar cómo esa marca "institucionalizada" en el documento de identidad de mi abuela a principios de siglo ha ido pasándose de madres a hijas y primas y amigas y vecinas de distintas maneras, perdiendo y ganando significados.
El primer título del conjunto era "Autohistorias de mujeres" y adentro le incluí lo que era "La tía Inés y otras bestias por el estilo", así que creo que quedó cargadito cargadito de cuerpas y relatos.
Salió para concurso. Después te cuento.
El primer título del conjunto era "Autohistorias de mujeres" y adentro le incluí lo que era "La tía Inés y otras bestias por el estilo", así que creo que quedó cargadito cargadito de cuerpas y relatos.
Salió para concurso. Después te cuento.
domingo, 18 de noviembre de 2018
Para tener amor
Para tener amor
Amo la lentitud,
no la demora.
Amo la lentitud,
no estancamiento.
¡Vamos, vamos!
Que necesito
urgente un amor lento.
Que se quede mucho que se quede todo
que me mueva, lento y seguro,
seguro y lento.
¿Debo para tener amor esperar a
les rezagades?
¿A
les detenides? ¿A
les estancades?
Paula Irupé Salmoiraghi
Hoy.
Amo la lentitud,
no la demora.
Amo la lentitud,
no estancamiento.
¡Vamos, vamos!
Que necesito
urgente un amor lento.
Que se quede mucho que se quede todo
que me mueva, lento y seguro,
seguro y lento.
¿Debo para tener amor esperar a
les rezagades?
¿A
les detenides? ¿A
les estancades?
Paula Irupé Salmoiraghi
Hoy.
sábado, 25 de agosto de 2018
Madrid
MADRID
Quedarás para siempre en mi ecosistema
como la ciudad que me sacó de entre los malvones.
La que me hizo menstruar durante 15 días seguidos
después de creerme menopáusica por ocho meses,
la que me dio pasaporte y valijas rígidas violetas
la que me hizo aprender a comprar divisa extranjera
y bajarme aplicaciones en celu nuevo
y googlear fotos de la Alhambra y la Sagrada familia para
no morir de un bobazo por emoción repentina.
Te quiero, Madrid, sin conocerte
como preñada que mira ecografía 3D
y fantasea con toda una vida en común (si
se me permite la metáfora
poco apropiada
en estos momentos de batalla intrauterina
y extramuros para lograr
cortar los cordones
umbilicales y de los otros)
Paula Irupé Salmoiraghi
Agosto 2018
Quedarás para siempre en mi ecosistema
como la ciudad que me sacó de entre los malvones.
La que me hizo menstruar durante 15 días seguidos
después de creerme menopáusica por ocho meses,
la que me dio pasaporte y valijas rígidas violetas
la que me hizo aprender a comprar divisa extranjera
y bajarme aplicaciones en celu nuevo
y googlear fotos de la Alhambra y la Sagrada familia para
no morir de un bobazo por emoción repentina.
Te quiero, Madrid, sin conocerte
como preñada que mira ecografía 3D
y fantasea con toda una vida en común (si
se me permite la metáfora
poco apropiada
en estos momentos de batalla intrauterina
y extramuros para lograr
cortar los cordones
umbilicales y de los otros)
Paula Irupé Salmoiraghi
Agosto 2018
miércoles, 10 de mayo de 2017
Compost y reciclado
Fuera de El cajón de las manzanas podridas quedaron muchos poemas con dos temas (¿tópicos? ¿obsesiones? ¿repeticiones?): los cuentos de hadas y la masturbación (pendeja pajera). Anoche los imprimí separaditos, los releí, los mastiqué, los rumié, los regurgité, los escupí de nuevo, me los pasé por aquí y por allá. Vaya una a saber qué pasó: quizás no eran muchos poemas sino uno solo, dos a lo sumo.
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