miércoles, 23 de agosto de 2017

Ya termino de tipear todo lo nuevo


III Premio de Poesía “Nicanor Parra”

Ediciones de La Isla de Siltolá convoca el III Premio de Poesía “Nicanor Parra”, de acuerdo a las siguientes bases:
  1. Podrán participar los escritores de cualquier nacionalidad y edad.
  2. Las obras deberán ser inéditas, escritas en castellano y no premiadas en otros certámenes. El tema es libre, la extensión mínima de los poemarios se establece en 350 versos, sin límite máximo. Se enviará por email.
  3. Cada autor podrá presentar tan solo un original, siempre de acuerdo a las bases de esta convocatoria. Las obras, exclusivamente, deberán enviarse por correo electrónico.
  4. Se enviará un correo electrónico a la dirección premionicanorparra@gmail.comEn un email se adjuntarán dos archivos. El primero se titulará: Libro: (título del libro), y será el PDF del poemario que llevará como identificación el título de la obra en la primera página. Y otro archivo que se denominará Datos: (título de la obra), que incluirá, en solo un documento: título del poemario, nombre y apellidos del autor, dirección postal y de correo electrónico, teléfono de contacto, breve nota biobibliográfica, el Documento Nacional de Identidad o similar escaneado, así como un escrito del autor donde acepta las bases de este premio.
  5. La convocatoria queda abierta a partir del día 1 de junio de 2017, y se cerrará a las 23’59 horas del día 5 de septiembre de 2017 (fecha del cumpleaños del poeta chileno Nicanor Parra). Se excluirán los trabajos presentados fuera de hora o/y fecha.
  6. El jurado estará formado por personalidades de la literatura. Su composición se hará pública el día del fallo del premio. Sus decisiones serán inapelables, corresponderá a sus miembros discutir y emitir el fallo, así como otorgar el premio a una sola obra o declararlo ex-aequo y/o desierto, de entre los libros finalistas que les hará llegar la editorial convocante. No habrá accésit ni se revelará el nombre de los autores finalistas. Tampoco se permitirá rescatar ningún libro no seleccionado para la final.
  7.  El premio consistirá en la publicación de la obra ganadora en la Colección SILTOLÁ de Poesía de Ediciones de La Isla de Siltolá, así como un importe de 6.000 euros (menos las retenciones que marque la legislación vigente). La edición tendrá una tirada de 2.000 ejemplares, interpretándose la entrega del importe del certamen como el abono de los derechos de autor de la primera edición.
  8. Los originales no premiados serán eliminados tras el fallo. No se mantendrá correspondencia alguna sobre ellos.
  9. El fallo se hará público en el mes de enero de 2018, siendo comunicado personalmente al autor antes de su difusión en los medios. La publicación del libro ganador está prevista para la primavera de 2018, y sus presentaciones tendrán lugar en los meses posteriores.
  10. El hecho de concurrir a este premio supone la total aceptación de sus bases.
Podrá solicitarse más información en siltola@gmail.com o bien en:
Ediciones de La Isla de Siltolá
(III Premio de Poesía “Nicanor Parra”)
Apartado de correos 22.015 41018 – Sevilla (España)

martes, 30 de mayo de 2017

Palabras de Pablo Serr en la presentación de El cajón de las manzanas podridas

El cajón de las manzanas podridas, de Paula Irupé Salmoiraghi
Baltasara editora, Rosario, 2016

Es un honor para mí presentar este nuevo trabajo de Paula. Y lo es por más de un motivo. El más importante es que cuando empecé a leer el libro, ya no pude dejar de hacerlo. Es lo que espero que me suceda siempre que me pongo a leer poesía: empezar y no poder parar. Porque una lectura así me lleva inexorablemente a una relectura, y releer es alcanzar otra dimensión de la lectura, en la que libro y lector se entienden con sólo mirarse. Ya en esa instancia, la atención se permite ciertos juegos, ciertos desvaríos. Es cuando las palabras dejan caer sus velos, trasluciendo lo que en realidad son: sonido, ritmo, infinita profusión de sentido. En lo personal, releo solamente los libros que me traspasan, aquellos de los que no salgo como entré, y de los que no quiero salir tampoco. Aunque suene un poco romántico esto que digo, puedo asegurar que es lo que me pasó con El cajón de las manzanas podridas.
En lo que sigue —y prometo ser breve— voy a referirme a dos o tres aspectos del libro que considero particularmente destacables. Como ya observé en la reseña que puede leerse en la contratapa, creo que se trata, por sobre todas las cosas, de una obra auténtica, quiero decir, consciente —en la medida en que es esto posible— de sus dificultades, de sus obstáculos, de sus miedos, los cuales pueden palparse como verdaderas marcas en el cuerpo textual. El cuerpo textual no deja de ser un cuerpo físico, y ante esta certeza, lejos de huir, la escritura de Paula se mantiene fiel a sí misma, gozosa, me atrevo a decir también, de enfrentarse cada vez con su propia sombra, aunque le tema. Así nace, así se hace su poesía, logrando cada vez expresar, sin tachaduras, sin rechazos cobardes, lo que es urgente aunque no se deba. En sus poemas no hay lugar para conveniencias ni reparos, cada palabra está obligada a entablar batalla, desafiante y certera, contra las feroces voces de los otros. Leemos, por ejemplo, en “Sin miedo no vale” (24):
De nada sirve
elegir el camino del bosque
si una no tiene
miedo de encontrarse con el lobo.
Para no confundirse nunca con lo que no es, el conjunto de los textos demarca, así, un territorio de sólidas inestabilidades, desde donde alcanza su propio “podrido equilibrio”:
Ufa con el equilibrio
Si de verdad hay que
buscar el podrido equilibrio
ser equitativa
inequívoca
ecuánime
equilátera,

si hay que
a pesar de todo
hay que:

prefiero,
de todos los malditos equilibrios,
el inestable.

Como si la tabla donde piso
se apoyara en el agua
y mi cuerpo fuera un caramelo
que con la lengua
llevás y traés.
Hace poco leí el discurso que dio Yves Bonnefoy en la Feria del libro de Guadalajara, en 2013, un texto a la vez simple y extraordinariamente complejo, donde el poeta francés postula una cantidad de consideraciones sobre la poesía y su rol social que ciertamente dan para reflexionar una vida. Yo voy a detenerme en una cita que dialoga perfecto, o al menos eso me pareció, con este poemario de Paula. Dijo en aquella oportunidad Bonnefoy:
La poesía está para recordarnos que todas las palabras, incluidas las que usamos automáticamente o tanto que parecen gastadas y poco relevantes, son las responsables de la realidad. Para nosotros es importante la existencia de una tierra suficiente, benéfica, que nos permita dar un sentido a nuestra existencia, que nos permita estar unidos en un lugar donde exista la vida, aunque por momentos resulte surreal. Diría que la poesía habla sólo acerca de eso, en esencia. Fundamentalmente la poesía debe decir: “Existe una Realidad”, debemos ser parte del mundo, no debemos dejarnos llevar por esa distracción que nos hace aceptar nuestras existencias como algo abstracto o resignado a la irrealidad. ¡La poesía es aquello que exige la existencia del mundo!
Cuando tuve en mis manos El cajón de las manzanas podridas, por supuesto que lo primero que hice fue abrirlo, y ahí nomás me encontré con esta dedicatoria: A todo mi ecosistema doméstico y a cada uno de sus amantes seres. (Aclaro que cuando escribí la reseña de contratapa me facilitaron una versión digital del libro, que no contenía la dedicatoria. Fue una grata sorpresa encontrarla después.) El libro, como vemos, está dedicado a un lugar donde existe la vida, “una tierra suficiente, benéfica”, como quería Bonnefoy. De algún modo, el libro es también un ecosistema, un “sistema biológico constituido por una comunidad de seres vivos y el medio natural en que viven”, según nos enseñan en la escuela. Las fotografías que a lo largo del volumen se intercalan con la letra refuerzan este sentido íntimo, doméstico más bien (relativo a la casa, al hogar) de la obra. Hay un poema, muy breve, que me gustaría leerles ahora. Lleva por título “Querida poesía:” (16), y dice:
Caé sobre mí gota a gota
horadame
haceme porosa
que no se me note
el alma de piedra.
Los poemas de Paula, al menos los que conforman este “cajón de manzanas podridas”, parecen estar escritos como a contrapelo del mundo, pero es que están luchando ―palabra contra palabra― por un mundo más real, menos firme tal vez, menos cómodo, menos seguro, pero que no esté hecho con las voces de los otros, a las cuales el sujeto de estos poemas (voz femenina que se cuenta a sí misma como otra, también, de la que se dice), de tanto resistirlas, se ha vuelto impermeable. Yo me lo figuro así, y perdonen si soy demasiado gráfico: como si estos poemas le diesen a la lengua, carcelaria, hipócrita, racista, una buena dosis de su propia medicina. Sí: son poemas que envenenan de sinceridad la lengua, y lo hacen, para mejor, con las mismas palabras con que la lengua suele envenenar de mentira y falsedad al mundo que ella nombra.
Arte poética (34)

Que todo se sacuda en vos
como el fondo con tierra
de un tarro sucio.

Que se enturbie el agua
que el poema
sea la vieja del agua
que chupa la mugre.
A quienes preferimos no salir ilesos de una lectura, este poemario nos plantea una serie de interrogantes de orden vital: ¿qué hacer cuando no nos reconocemos en el mundo en que nos movemos?, ¿cómo salvar esa peculiar escisión?, ¿puede bastarnos la rebeldía? También, y fundamentalmente, estos poemas se preguntan por la labor poética misma: ¿por qué la poesía?, ¿por qué escribir hoy poesía?, ¿por qué no más bien la nada, o sea, el silencio, o en todo caso, la resignación?
A lo largo del libro, el sujeto lírico, o imaginario, como oí que se le llama también, ensaya, prioritariamente, una reconciliación en este sentido; en el texto “La ventana” (10), por ejemplo, que cuestiona los límites entre mundos posibles: Una gota salpica el vidrio.// Si lloviera a cántaros/ me gustaría salir a mojarme toda.// Pero mi piel es de aceite/ y no hay gota o tormenta/ que la vuelva permeable. Todo/ me resbala.// Por eso me quedo/ detrás de la ventana./ La madera, el vidrio y la cortina blanca/ marcan/ claramente/ los límites/ de lo posible.
Como dije más arriba, creo que esta nueva obra de Paula lleva la marca de una clara consciencia de los límites. Y un poema, me parece, se encuentra siempre, necesariamente, entre límites; según el modo como se la use, según lo que se haga con ella, una palabra puede significar posibilidad o imposibilidad: en el límite entre negar y afirmar se hace la poesía, terreno inestable si los hay, pero que, al igual que hace un cajón, contiene y se ofrece.
Termino con este poema, que considero esencial para entender por qué un cajón, por qué de manzanas podridas, en una palabra, por qué, a pesar de todo ―a pesar del mundo de las voces de los otros―, la poesía. Diría que es, pero quizás esto no signifique nada realmente, todo un manifiesto:
Aprendiz (31)

Hay en mi pasado
gestos de mujeres que admiraba.
Mi memoria las guarda
no sé bien para qué.

Siempre fui una discípula lela
medio manca
medio renga
siempre torpe.

Ellas me enseñaban cosas
porque eran buenas y a mí
me costaba aprender.

Ellas
me abandonaron cuando aprendí.


Pablo Serr
Rosario, 13.11.2016.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Lo confieso

En Jujuy, durante las horas del Congreso de Hispanistas, no me pregunten en qué mesa y a raíz de qué, escribí tres poemas. Están en las hojas de la carpetita académica, no tienen que ver con mi casa ni con sexo desenfrenado ni con sexo triste ni con dolores de amor. No me los acuerdo o casi. Mañana te los copio acá.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Manzanas podridas en Madrid


Dice en feis mi editora : Liliana Ruiz ha compartido su foto.
En el madrileño barrio de Malasaña, calle San Joaquin 3, se encuentra la librerìa Tipos Infames. Una librerìa con mucho encanto en la que encontraràs los libros de la editorial argentina Baltasara Editora.

Compost y reciclado

Fuera de El cajón de las manzanas podridas quedaron muchos poemas con dos temas (¿tópicos? ¿obsesiones? ¿repeticiones?): los cuentos de hadas y la masturbación (pendeja pajera). Anoche los imprimí separaditos, los releí, los mastiqué, los rumié, los regurgité, los escupí de nuevo, me los pasé por aquí y por allá. Vaya una a saber qué pasó: quizás no eran muchos poemas sino uno solo, dos a lo sumo.

martes, 25 de abril de 2017

Las serpientes no tienen manos

CASI INOCENCIA




I

Deslizarse como un hilito de agua
entre las rocas.
Termino de decirlo y pienso:
¿Hilo de agua o serpiente?


II

Serpentear
puede ser agradable.
Arquear cada huesito
por el lodazal pegajoso.
Esquivar las aristas las piedras
los despeñaderos.
Deslizarse y fingir
que se es buena
que se desconoce
el uso de veneno
que nunca se ha matado
por estrangulación.


III

Las serpientes no tienen manos.
Yo
llevo las yemas de mis dedos
desde la palma hacia afuera.
Abro y cierro
abro y cierro el puño
y me salen flores.




De El cajón de las manzanas podridas. Baltasara Editora. Rosario. 2016.

jueves, 6 de abril de 2017

El poema decisivo

Con un vaso de licor
y un pucho en la mano,
a las dos de la mañana en mi cocina,
mientras caliento los fideos
que mi hijo menor preparó
a mediodía,
he decidido
que necesito volver a enamorarme.

Pienso en el amor y dos cosas
me vienen a la cabeza:
una es buena y la otra es mala:
pienso en Gustavo y en escribir.

Lo segundo es la buena.
Tengo que corregir lo primero.

sábado, 1 de abril de 2017

Emtreversos, 2da edición

Impresos y a reescribir

Luego de todo el proceso de publicación y presentación de El cajón de las manzanas podridas, habiendo ya pasado 7 años de Mi tren monoplaza, descubro que no queda nada "guardado hace mil años en cajones y cuadernos" sino toda una producción de poemas nuevos, calentitos, que reclaman orden y amasado. Para eso tengo impresora nueva y mucho laburo en papel, birome y culo en cama y espalda contra el colchón para buscar en el techo naranja los modos reescriturales lejanos a la inspiración desbocada.

martes, 21 de marzo de 2017

En el colectivo

FANTASÍAS AJENAS Y CHUPAMELÁ



Yo soy rubia y él
es negro.
¿Eso te calienta mucho?
No lo conocí
en ningún lugar exótico:
fuimos al colegio juntos
somos
vecinos desde chicos.
¿Eso te defrauda?

Cagate
y sobre todo
dejá de mirarnos así
en el colectivo.

Mulatos

METETE LA MUÑECA EN EL ORTO





Mis hijos e hija son mulatos.
“Café con leche”, digo a veces
por no impactar
con semejante
palabra.

Que me iban a salir a cuadritos
me decía una amiga
cuando empecé a salir con él.

Que cuando era chica tenía
una muñeca negra
me dice siempre
la boluda de turno
en la cola del banco
en la pediatra
en la reunión
familiar.