De la obligación de hacer algo útil.
Del miedo a que mis perros
se vayan a la calle.
Del pánico a que mueran
de sed mis rosales.
(Ahora que se acaba de largar)
De la obligación de hacer algo útil.
Del miedo a que mis perros
se vayan a la calle.
Del pánico a que mueran
de sed mis rosales.
(Ahora que se acaba de largar)
De repente una tristeza
me entra por el filtro del cigarrillo.
Para qué mierda fumaré
si lo único que me da es dolor de cabeza.
Y me pongo como loca como loca
a buscar por ahí una alegría.
Encuentro muchas
en racimo, en rebrote, en piar,
en ojos, en patitas, en muros pintados.
Las hago poema para que
no se me alejen.
(Hoy. Recién. Ahora. Caliente. Sin revisar)
Y el orgullo y la alegría de esta comunidad de poetas a la que pertenezco desde 2016 cuando se publicó por Baltasara mi segundo libro: El cajón de las manzanas podridas.
Mi Simone poeta fue leída. Fue elegida no sé entre cuantos libros de poesía. Eso me emociona un montón. Aunque no haya llegado a los 10 finalistas, estar entre los 18 preseleccionados me dice que a alguien más le resultó bello y/o interesante este libro que escribí tan extrañamente, tan extrañada de mí misma, todo a mano en dos cuadernos rayados durante un año de lectura en francés de La force de l'âge, el segundo tomo de la autobiografía de Simone de Beauvoir.
Me alegra un montón saber que es un libro que existe como libro, que ya fue tomado como unidad, como objeto. Yo que tanto dudé de mi "derecho" y mi capacidad para tomar la voz y las palabras de la máxima filósofa francesa que conozco y hacer con sus notas de vidas "piedritas" engarzadas por mi mano.
Seguiremos buscando editorial.